El Dugout

Un taxista picarón nos muestra Santo Domingo

Si bien no mide más de 1.68 metros, y tampoco parece galán de telenovela, Manuel resulta todo un ‘Don Juan’

Miguel Osuna
Por Miguel Osuna
  • Vista de Santo Domingo

    Vista de Santo Domingo

Apenas dimos unos pasos fuera del aeropuerto se acercó, pronto a ofrecer su servicio.Vestido de amarillo y negro, cabello casi a rape, bullicioso, inquieto, bromista, Manuel pregunta adónde vamos y suelta su cobro: dos mil pesos dominicanos. Aceptamos, dudosos, subir a una van en condiciones malas que atravesó en el carril izquierdo. Total: los demás podían sacarle la vuelta.

Y así ocurrió. Esa acción y los subsecuentes pitazos de claxon, arrancones y acelerones, invasión de carril, nos hizo sentir como en casa, como en México, donde la cortesía y el respeto están en peligro de extinción.

El taxista. Fotografía: El Debate.

TODO UN SEMENTAL

Manuel salió disparado por un bulevar sinuoso, dañado en ciertos tramos, pero paralelo a las hermosas aguas azules del océano Atlántico.
 

 

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Fueron alrededor de 20 kilómetros de disfrutar esa vista. Fue también el comienzo apenas de un sinfín de carcajadas provocadas por la picardía del taxista.

-Dominicana está bien. No como deberíamos, pero está bien. Hay mucho por mejorar, pero los políticos todo lo echan a perder. ¡Me imagino que allá en México pasa algo parecido, eh!-, comenta Manuel mientras frena y luego acelera en un ciclo recurrente e incómodo que, igual, toleramos por la gracia con que habla sobre su país... y sus aventuras.

Si bien no mide más de 1.68 metros, y tampoco parece galán de telenovela, Manuel resulta todo un ‘Don Juan’. Lo notamos en cuanto sonó su teléfono por primera vez.

-¿Aló? ¿Cómo estás mi reina? Hay que vernos pues. Ahora mismo puede ser dentro de 30 minutos... bueno 40 pues. Es que tengo un compromiso. Dame tú número-.

 

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Y como no puede apuntar por llevar el volante, su copiloto, uno de los pasajeros, toma papel y pluma.Luego, Manuel cuelga y presume.

-Es una chica haitiana a la que quiero, la necesito. Ya me veo con ella-. Enseguida observa el papel que le pasa su cliente. -Épale, lo apuntaste dos vecesNooo, eso no puede ser, nooo papaaaaá. Esa es mía. No es para ti. Tú quieres lo mío- señala voz en cuella y riendo.

-Déjame decirte que a esa mujer tengo poco que la conocí y parece que se va a poner bella. Es la primera vez que voy a salir con ella. Trataremos de arreglar la situación y dependiendo lo pen... que se ponga, pues... tú entiendes…

YA MÁS SERIO

Mientras la van gris, de puerta corrediza y cristales con polarizado rasgado llega al centro de Santo Domingo, Manuel aprovecha para señalar algunos de los atractivos de la ciudad y hasta lanza una “oferta tentadora”.

-Tenemos buena playa, buenos hoteles, buenos restaurantes. Aquí es bueno, sobre todo en esta ciudad que es la principal, la capital de la República Dominicana.

-Ustedes pueden ir a una playa que se llama Boca Chica. Les puedo llevar a todas las partes principales de la capital: a la zona colonial, al Faro a Colón, a la playa chulísima que les dije. De 10 de la mañana a cinco de la tarde por 140 dólares.

Es más, en 130 como precio especial.Y añade asumiendo que es parte de lo que buscan los visitantes.

-Pueden comprar una neverita barata, una funda de hielo y su cerveza, y listo para que se ponga buena la vaina.

Apenas termina su propuesta llegamos al hotel. Rápido y servicial, se baja y saca las maletas. Pero luego suena de nuevo su teléfono.

-Mi amor. ¿Qué haces? ¿Aló? ¿Aló? Ya te oigo, pero no puedo ir contigo. Traigo a unos mexicanos que quieren que los lleve a otra puerta. Sí mi amor, yo también quiero verte. Besitos.

Maleta en mano y riendo, lo miramos sin decir nada, pero él explica.

-Con ella sí tengo ya más tiempo. Es algo más cercano.

-Ok, ¿es su esposa?

-No qué va. Mi mujer es otra.

 

¿Te hubiera gustado asistir a la Serie del Caribe?

 

Al Bat

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