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Crónica de un campeonato más en Mazatlán

La locura invadió el estadio de los Venados, una vez que Cyle Hankerd empujó a Justin Greene con la carrera del campeonato

Miguel Osuna
Por Miguel Osuna
  • Así festejo Venados su nueva corona.

    Así festejo Venados su nueva corona.

El swing es rápido, exacto, efectivo. La pelota sale silbante hacia el jardín izquierdo, Justin Green da vuelta por tercera y en segundos cruza el plato. Lo que vino después fue el éxtasis en su máxima expresión…

PRELUDIO.

Desde las 17:30 horas ya se veía gente en las gradas del Teodoro Mariscal. Eran unos cuantos que, conscientes de que el estadio estaría a reventar, se apuraron para ocupar un asiento con buena ubicación.

Y mientras el coloso de la avenida Leonismo Internacional, vetusto por sus muchos años, ojeroso de tantas desveladas, obsoleto frente a los modernos escenarios que se han construido, se comenzaba a poblar, abajo, sobre el terreno de juego, la marea roja se preparaba para tratar de provocar un tsunami.
pero…

La música, las mujeres bellas, los niños, las mascotas, cada actor a su manera, parecía alistarse para festejar a lo grande. Permeaba en el ambiente la sensación de que sería una noche especial. Sin embargo, el calor, la algarabía, los bailes, se enfriaron rápido cuando Chris Roberson disparó cuadrangular apenas al segundo lanzamiento que le servía Amílcar Gaxiola.


Y dos batedores después, C. J. Retherford repitió el truco con otro garrotazo que apenas salvó la cerca de la pradera izquierda. Entonces llegó el silencio. Aparecieron los rostros serios. Y comenzó un pequeño murmullo de desconcierto, de desánimo, de sorpresa…

 



RESPUESTA ROJA.

En la parte baja de la segunda ronda, Hankerd, quien estaba marcado por el destino para investirse de héroe, prende una recta de Javier Solano y la deposita en los repletos bleachers del jardín izquierdo, donde se genera la primera explosión de júbilo de la fanaticada mazatleca.

Ese tablazo dio pie a una reacción de los Venados que encontró eco en las más de 14 mil almas que atiborraron el TM y que volvieron a estremecerse en la cuarta entrada cuando Paúl León, sorprendente e inesperada estrella de la final, disparó un garrotazo que ‘bañó’ a Ricky Álvarez y empujó dos anotaciones para poner a Venados por primera vez adelante en la pizarra.

Álvarez no fue el único que recibió un baño. También les cayó líquido ambarino a cientos de aficionados, quienes embelesados y sin control lanzaron al aire vasos de cerveza sin importar su sitio de aterrizaje.

Así, vimos al señor adulto de poco pelo limpiarse la cabeza; lo mismo ocurrió con la bella edecán que fue mojada de la blusa y a la pareja que olvidó las formas y se unió  a la celebración. Total, qué importaba. Es la final. Es Venados. Es una ventaja que abría las puertas hacia la corona.

y entonces…



Mexicali no se iba a rendir. En el sexto empató 3-3 y entonces comenzó un tremendo duelo de bullpens que mandó el partido a extrainnings.

A la par que aumentaba la adrenalina, bajaba la temperatura. Pero nadie parecía sentirla. El clima importaba poco. El juego lo era todo. Y así se confirmó en el décimo rollo cuando, con Greene, en segunda base apareció Hankerd con ese batazo corto, bien colocado, que Welington Dotel no pudo atrapar y que permitió que entrara la carrera de la victoria.

Y entonces llegó el noveno campeonato y el delirio fue absoluto. 

El Debate Mazatlán – Miguel Omar Osuna.

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Al Bat

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