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Hernández Urquidy, de buenas hechuras

El punto es...

Miguel Osuna
Por Miguel Osuna

Antes que todo, ¡muy buenos días! Calificar a un lanzador cuando apenas ha hecho su presentación es, a todas luces, precipitado. Se requiere más exposición del jugador, y por añadidura, más elementos para juzgar. Pero lo que vi en José Hernández Urquidy me gustó, y mucho. 

No pretendo vender al joven pítcher de los Venados como la nueva joya que revolucionará al equipo. Para eso, repito, hay que ser mesurado. Sin embargo, por la forma en que debutó en la Liga Mexicana del Pacífico el miércoles anterior, infiero que este muchacho dará mucho de qué hablar en el beisbol profesional. 

Hernández lanzó dos entradas frente a los Yaquis y de los seis outs que sacó, cuatro fueron por la vía del ponche. Mantuvo la recta en 93 millas y con muy buen control. Su curva rompe tremendamente. Es de esas, como se dice en el argot, de 12 a 6, por aquello de que viene muy arriba y cae bastante.

Cuando subió al montículo pensé que batallaría por los nervios habituales del debut y porque el Tomás Óroz es un estadio benévolo para el bateo. Pero Urquidy, como si fuera un viejo lobo de mar, trabajó sereno, inteligente y efectivo. Insisto: falta verlo más, pero con su presencia, más de uno de los integrantes del endeble bullpen rojo va a sentir pasos en la azotea.

ESTABAN LOS TOMATITOS...

Los baños de humildad de vez en cuando vienen bien. Y no lo digo tanto por los peloteros, sino por sus jilgueros.

En Culiacán, la afición se desgarra las vestiduras por el terrible comienzo de los Tomateros. No entienden cómo “sus campeones” andan arrastrando la cobija. Y mucho tiene que ver en ello la proyección que a priori se le dio al equipo por parte de los medios de comunicación. 

Hay reporteros que se ponen la franela guinda y se vuelven “floristas” -hmm, a quién me recuerda eso- del equipo. Se les olvida que su labor es informar, ser objetivos y guardar su afición para cuando estén en su casa. Pero lejos de apegarse a esos principios básicos del periodismo, se confunden, ven con ojos de amor a los Tomateros y los venden como si fueran invencibles. Por eso el enojo de los aficionados.

LOS IMPARABLES METS.

En el beisbol, el pitcheo manda. Y cuando se cuenta con una tercia de abridores como la que presumen los Mets, es difícil no concederles posibilidades de campeonar. 

La tropa neoyorquina, desde mi perspectiva, es en este momento la más sólida candidata a llevarse la Serie Mundial. Jacob deGrom, Noah Syndergaard y Matt Harvey conforman un tridente prácticamente imbateable. 

Del tercero ya se conocía su calidad, aunque había dudas sobre su absoluta recuperación después de sufrir la cirugía Tommy John. Con deGrom y Syndergaard la sorpresa es mayor, porque se trata de dos jóvenes que irrumpieron  con mucha fuerza en este 2015 y cuyo rendimiento en la postemporada ha sido superlativo.

Ellos, aunado al buen bateo del equipo, que tiene en Daniel Murphy a su bat más incandescente, convierte a los metropolitanos en los principales suspirantes a la corona. En mi opinión. 

Al Bat

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