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Recuerdo de la paliza más grande en la historia de la MLB en la era moderna

Sucedió en la primera década de este siglo 21 y no fue un 2 de octubre, pero no se olvida 

Reza el dicho  de que el pitcheo te gana campeonatos y el bateo te gana juegos. Hay aficionados que les gustan los cotejos de pitcheo y a otros los de ofensiva, pero en esta ocasión nos vamos a quedar con un encuentro de alto carreraje, que al final fue como una pizarra de futbol americano.

Nos remontaremos al año 2007, en la recta final de la primera década del presente siglo 21. Los Rangers de Texas visitaban a los Orioles de Baltimore en el Oriole Park at Camden Yards. Era como hoy un día miércoles, pero 22 de agosto de hace 13 años.

Un cotejo que originalmente estaba programado para un lunes 20 de agosto, sin embargo, la lluvia lo suspendió. Entonces ya dos días después no llovió agua, pero si llovieron carreras. Rangers gano ¡30 a 3!, sí, leyó usted bien: ¡treinta por tres!.

Texas estableció un récord de la era moderna para la mayor cantidad de carreras en un solo juego y la mayor paliza. Era la novena vez en la historia que un equipo había alcanzado 30 carreras, y no había sucedido desde que los Colts de Chicago vencieron a los Coroneles de Louisville, 36–7, en 1897, es decir, tuvieron que pasar 110 años. 

Nadie esperaba eso, sobre todo que tras cinco entradas, el encuentro iba 5-3, ganando Texas; es más, de hecho, Baltimore ganaba 3-0 en tres completas, pero Rangers comenzó una épica remontada con cinco carreras en el cuarto acto, comenzando una seguidilla de 30 anotaciones sin respuesta.

Bueno, de ese 5-3 en medio juego, se pasó a un 14-3 en la sexta tanda, ya que Rangers anotó nueve en ese episodio. Todo indicaba que así iban a quedar, ya que los texanos se fueron en blanco en la séptima, pero vaya sorpresa: los de Arlington que ya habían anotado esas 14 rayitas en sie entradas, tenían algo mejor: ¡16 carreras en las dos bateadas finales!.

En la octava anotaron 10 para irse arriba 24-3 y agregaron seis más en la novena para el 30-3 final. Fue la peor paliza que hayan recibido los Orioles y sucedió ante su gente. 

Texas conectó seis jonrones: dos de Jarrod Saltalamacchia, otro par de Ramón Vázquez, uno de Marlon Bird y otro de Travis Metcalf. Lo irónico es que sólo hubo dos dobletes: Nelson Cruz y Jason Botts; y ningún triple. 

Saltalamacchia y Vázquez remolcaron siete carreras cada uno y alcanzaron 10 bases totales con sus batazos. Cada uno además dio cuatro hits, sólo superados por los cinco de David Murphy. Él y Saltalamacchia anotaron cinco carreras.

Frank Catalanotto e Ian Kinsler batearon ocho veces.

Los 10 jugadores que Texas envió al plato tuvieron al menos un hit y una carrera anotada.

Cinco Rangers diferentes tuvieron al menos tres hits; como equipo, alcanzaron promedio de .509 y recogieron 29 hits en total.

Tres relevistas de los Orioles permitieron 25 carreras en el lapso de cuatro entradas.

En el pitcheo, cada lanzador que usó Orioles recibió al menos seis carreras: seis para el abridor Daniel Cabrera (en cinco entradas); ocho para Brian Burres (dos tercios); siete para Rob Bell (una y dos tercios) y nueve para Paul Shuey (en dos entradas).

El zurdo Kason Gabbard fue el pítcher ganador y ¿qué creen?, pese a la diferencia de 27 carreras, hubo juego salvado: Wes Littleton lanzó las últimas tres entradas en blanco. 

Nick Markakis, en ese entonces de Orioles, es el único que queda activo, así como Nelson Cruz, de Rangers.

Al final del juego, ni siquiera se proporcionó la asistencia de aficionados al juego. 

Curiosa e ironícamente, los relevistas Paúl Shuey y Rob Bell, de Orioles, se retiraron al final de esa temporada: el primero a los cuatro días de su desatrosa actuacuón en ese partido. Bell dijo adiós un mes después.  

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